Día del Teatro y el Cambio Climático
Para conmemorar el Día Mundial del Teatro (27 de marzo), nuestro grupo de teatro, “Ailaleria”, llevó a varias aulas un tema de actualidad.
A través de su intervención, breve y directa, busca llamar la atención de nuestro alumnado sobre la importancia de un bien tan preciado como escaso: el agua.
El grupo del instituto nos sorprendió gratamente. Al acabar la representación, que se llevó a cabo en la propia aula, hicimos unas reflexiones sobre el tema y propusimos a los alumnos elaborar unos cuentos tomando como base esta idea. Recogemos a continuación alguno de estos trabajos de 3º ESO C.
LA CASA DEL ÁRBOL
Era el chico nuevo. Nunca hablaba con nadie. A lo mejor era culpa suya que lo tachásemos de raro, porque lo cierto es que a mí también me lo parecía. Cuando algún profe le preguntaba algo buscaba la manera de contestar con el menor número de palabras posible. Era argentino. ¡Ja! ¡Ja! menudas risas nos echamos gracias a su acento y a los insultos que, de vez en cuando, le dedicaba a Javi. Se llamaba Alejandro Jesús. Sí, ese era otro motivo de burla, porque todos lo llamaban Suso, y odiaba que le llamaran Suso.
Bueno, el caso es que a mí, cómo no, me tocó hacer con el un trabajo para tecnología.
Quedamos en su casa. Poco a poco empezamos a hablar, a conocernos, y acabó pareciéndome bastante simpático.
Al día siguiente, me llevó al bosque que quedaba cerca de su casa, en un árbol tenía construida una casa de madera. Entramos y continuamos con el trabajo. Cuando lo acabamos me dijo que era su única amiga en este mundo, y que si le prometía que no se lo contaría a nadie me confesaría un secreto. Se lo prometí. Apartó una cortina negra que tapaba un gran agujero en una de las inmensas ramas del árbol y me dijo que me tirara, que descubriría el lugar más bonito del mundo. Le hice caso, aunque desconfiaba de él, sabía que no me haría nada malo.
Cuando llegué al final del agujero estaba mareada, me levanté y vi que mi amigo estaba detrás de mí.
Todo lo que me rodeaba era precioso. Había una gran cascada, que terminaba en un río amplio y manso. Montones de árboles de los cuales no conocía ni el nombre y que estaban cargados de frutas muy sabrosas. Allí vivan niños como él y como yo. Gente normal, pero que, según él, poseía poderes. Toda la gente que vivía allí o podía acceder a aquel particular mundo tenía un don especial.
Me llevó junto a un mago que quería conversar conmigo. Me habló de la naturaleza, de todo lo bueno que tiene, me dijo que deberíamos cuidarla más, porque estamos acabando con ella, y me invitó a mirar a mi alrededor y me dijo que así era como tenía que ser el lugar donde yo vivía.
Salimos. Era tarde pero Álex me prometió que volvería a llevarme a su mundo.
Así fue como empecé a meterme en el mundo de la magia, con continuas visitas a ese particular lugar al que él llamaba “Sildabia”.
Fui conociéndolo mejor. Era un chico genial, casi todos los días visitábamos Sildabia.
Amaba la naturaleza, nos lo pasábamos muy bien jugando en el río, con los animales… ¡Los animales hablaban! , pero me advirtió de que también había peligros. Había magos malos, como también en el mundo en que vivíamos había gente mala.
Era nuestro mundo particular, donde podíamos estar tranquilos sin que nadie nos molestara, donde podíamos, disfrutar de la naturaleza y evadirnos de los problemas. Era… Sildavia.Pilar Riopa 3ºESOC
AL OTRO LADO DEL LAGO
Marta estaba con su amiga Elena en el lago. Estaban jugando para ver quién era la que llegaba más lejos buceando. Entonces se sumergieron y comenzaron a bucear. Iban muy concentradas en aguantar la respiración y nadar rápido.
Llegaron las dos casi al mismo sitio, con unos cinco metros de diferencia. Había ganado Elena. Fue en ese momento, cuando se dieron de cuenta y observaron que no estaban en el lago, no en aquel en el que desde pequeñas habían jugado hasta cansarse, donde podían olvidarse de la rutina del colegio y desconectar. Estaban en otro sitio, donde el sol brillaba más que otros días, los árboles eran más grandes y verdes, el cielo era de un azul que nunca antes habían visto. Era un lugar especial.
Salieron del agua y comenzaron a caminar. Las flores que había en los bordes del sendero eran nuevas para ellas, nunca antes las habían visto. A Marta le pareció ver algo brillante que volaba pero no le hizo caso y siguieron. De allí a un rato, otra vez, algo pasó volando, entonces gritó:
- ¡Un hada!
- Pero qué dices, ¿dónde?
Echaron a correr entre ramas, plantas y arbustos hasta que se detuvieron en seco. Allí estaba.
Era de verdad un hada.
- Pero si las hadas no existen. ¿Cómo es posible? -dijo Elena-.
Entonces se giró y se dirigió a las dos niñas:
- ¿Cómo que no existimos? ¿Es que no me tienes delante de ti? O qué soy yo, ¿una luciérnaga? – Les reprochó un poco enfadada-.
- Lo sentimos de verdad -dijo Marta-. Pero es muy raro. Nunca hemos visto nada parecido a ti. Solo en dibujos.
- Ah… ya sé. Es que vosotras no sois de por aquí. Vosotras sois del otro lado del lago.
- Se podría decir que sí -contestó Elena.
- Bueno, pues os voy a hacer de guía. Me llamo Sirta. Estamos en Lantania, un lugar maravilloso, como ya habéis podido comprobar, es como otro mundo, pero dentro de la Tierra. Fue creado para proteger tesoros que vosotros, los humanos, no habéis sabido apreciar. Aquí tenemos animales en peligro de extinción, plantas exóticas que están desapareciendo. Y, cómo no, tenemos nuestro mejor tesoro: el agua. A diferencia de vosotros, los humanos, no la malgastamos inútilmente. Nosotros la utilizamos de forma correcta.
También estamos nosotras que somos las guardianas. Muy poca gente consigue llegar hasta aquí, solo los que en el fondo guardan la imaginación.
- ¿Y por qué solo los que tienen imaginación? Preguntó Marta.
- Porque además, aquí se puede hacer todo lo que te propongas si de verdad lo crees posible. Por ejemplo, prueba a volar como yo.
Marta se concentró y cuando abrió los ojos, estaba flotando en el aire. Era increíble.
Desde entonces, las dos iban todos los días a Lantania para hacerle una visita a Sirta y de paso jugaban: unas veces, nadaban con los peces; otras, volaban con los pájaros.
Cada día una nueva aventura en un mundo maravilloso.Alba Miguens 3ºESO C





